-Yo diría que entre un "no lo suficiente" y un "nada de nada". Siempre estuve hambrienta. Aunque sólo hubiera sido por una vez, hubiera querido recibir amor a raudales. Hasta hartarme. Hasta poder decir: "Ya basta. Estoy llena. No puedo más" . Me hubiera conformado con una vez.
-¡Qué fuerte! ¿Y no lo has conseguido?
-No es tan fácil como creía. Quizá sea por haver esperado tanto tiempo, pero ahora busco la perfección. Por eso es tan difícil.
-¿Un amor perfecto?
-¡No hombre! No pido tanto. Lo que quiero es simple egoísmo. Un egoísmo perfecto. Por ejemplo: te digo que quiero un pastel de fresa, y entonces tú lo dejas todo y vas a comprármelo. Vuelves jadeando y me lo ofreces. "Toma, tu pastel de fresa", me dices. Y te suelto: "¡Ya se me han quitado las ganas de comérmelo!". Y lo arrojo por la ventana. Eso es lo que yo quiero.
-No creo que eso sea el amor.
-Si tiene que ver. Pero tú no lo sabes. A veces, esto tiene gran importancia.
-¿Arrojar pasteles de fresa por la ventana?
-Sí, y yo quiero que me diga lo siguiente: "Ha sido culpa mía. Tendría que haber supuesto que se te quitarían las ganas de comer pastel de fresa. Soy un estúpido, un insensible. Iré a comprarte otra cosa para que me perdones. ¿Qué te apetece? ¿Mousse de chocolate?".
-¿Y qué sucedería a continuación?
-Pues que yo a una persona que hiciera eso por mí la querría mucho.
-A mí me parece un desatino.
-Yo creo que el amor es eso. Pero nadie me comprende. Para un cierto tipo de personas, el amor surge con un pequeño detalle. Y si no, no surge.
Haruki Murakami- Tokio Blues.
No hay comentarios:
Publicar un comentario